—¡He creado un monstruo! —exclamó el doctor Frankenstein, ufano. Había jugado a ser Dios y había ganado.
La alegría le duró hasta la mañana siguiente, cuando leyó la crítica:
“Se le ven las costuras.”
—¡He creado un monstruo! —exclamó el doctor Frankenstein, ufano. Había jugado a ser Dios y había ganado.
La alegría le duró hasta la mañana siguiente, cuando leyó la crítica:
“Se le ven las costuras.”
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El sueño era recurrente. Se encontraba frente a una puerta de roble a pocos centímetros de su rostro. La puerta no tenía […]
En la provincia del Río del Norte se cuentan muchas historias de la mujer del bandido San. Algunos dicen que era una […]
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