Moby Dick es todo lo contrario a un manual sobre ballenas y su captura. Es una tragedia sobre la lucha por la vida en un mundo hostil, sobre la rebelión contra el destino, sobre los desafíos de Dios, sobre la megalomanía y las fatales consecuencias de la consideración absoluta del individuo. Moby Dick es una obra con tal entusiasmo en palabras e imágenes, que durante la lectura a uno lo asalta la sensación de estar sentado en una cáscara de nuez a la que agita el océano. El estilo narrativo varía entre bíblico y épico, científico, cotidiano, filosófico, lírico y dramático.
La acción da comienzo en la costa Este de los Estados Unidos, en el centro de la industria de caza de ballenas. (La captura de estos animales constituía una de las principales industrias de Estados unidos a mediados del siglo XIX). El narrador es un hombre joven que se presenta al lector con las siguientes palabras: “Llamadme Ismael” atribuyéndose así el nombre bíblico de un marginado. Esta patética frase con su irritantemente irónico mensaje implícito, es uno de los comienzos más conocidos de la literatura universal.
Cuando el melancólico Ismael –con el ánimo entristecido-siente el impulso de salir al mar, decide enrolarse en un barco ballenero. En una posada de la ciudad portuaria de New Bedford tiene que compartir cama con el polinesio Queequeg, cuyo cuerpo está totalmente tatuado. La primera impresión de Ismael es bastante inquietante, pero pronto descubre el alma bondadosa del “salvaje”. La desigual pareja entabla una estrecha amistad. Juntos se enrolan en el ballenero Pequod pese a las advertencias que han recibido sobre su patrón, el Capitán Ahad.
El Pequod lleva ya varios días en altamar cuando aparece Ahad en cubierta. Su aspecto es lóbrego e intimidante a la vez. Una larga cicatriz recorre la mitad de su rostro. Aunque desaparece oculta por la camisa, uno tiene la impresión de que, bajo sus ropas, podría continuar a lo largo de todo su cuerpo. Por si esto no fuera lo suficientemente inquietante, Ahad tiene una pierna artificial hecha de huesos de ballena (un recuerdo de su lucha con Moby Dick). Desde que el animal lo convirtiera en un tullido, Ahad estaba poseído por un único pensamiento: encontrar la ballena blanca y darle muerte. Ningún miembro de la tripulación se atreve a contradecir a Ahad. Por el contrario, cuando el vengativo capitán describe a su gente el infausto fin del viaje de una manera tan enfática, la tripulación –entre impresionada y asustada- se deja involucrar en la estrambótica empresa. Para reforzar la motivación de los marineros, Ahad clava una moneda de oro en el mástil principal. La recibirá el primero que aviste a Moby Dick.
El Pequod navega durante semanas por el mar. De cuando en cuando, la tripulación captura alguna ballena, pero en realidad persigue un único objetivo: La búsqueda de Mpby Dick en la infinita inmensidad del mar. Tan pronto se cruzan con otros navíos, Ahad pregunta a los marineros si han visto la ballena blanca. Las tripulaciones le advierten sobre el temido monstruo, indicando involuntariamente al Pequod el camino hacia la catástrofe.
Ahad supera a Fausto en su desmesura, puesto que en la amplitud del mar ya no hay fronteras que atreve a sobrepasar. En su ambición, llega a destruir el cuadrante del barco. A partir de entonces, será Ahad contra el universo.
Por fin, tras largo tiempo en el mar, avistan a Moby Dick. El combate contra la ballena dura tres días. Finaliza con la inevitable catástrofe: Moby Dick arrastra al Pequod y a toda la tripulación a las profundidades. Solo sobrevive Ismael, que burla al destino para narrar la tragedia.
Christiane Zschirnt: Libros. Todo lo que hay que leer, 2004.