Hoy lo llamaríamos un agente de la Inteligencia Artificial. ¿Cómo es posible que por el mero hecho de activar un interruptor el avión sustituya por completo la tarea de su creador? En la imaginación de sus creadores originales no estaría presente la evolución que ha experimentado este ingenio de la aviación. La era digital de la información lo ha elevado como un actor preponderante en la gestión de una cabina de vuelo. La seguridad de vuelo ha insistido a través de décadas de la importancia de aliviar la compleja tarea de los tripulantes en las etapas críticas del vuelo. El piloto automático irrumpió en la aviación con singular relevancia y ponderación.
Su universo es incomprensible si no anotamos que un apellido ilustre en la creación, fabricación y provisión de instrumentos de aviación inició su ejemplar itinerario en 1914 cuando Lawrence “Sperry” (hijo de inventor Elmer Sperry) incorporó el primer piloto automático volando un avión con sus manos en alto para indicar desafiante que aquello era posible y seguro. El timón, elevadores y alerones operados hidráulicamente obedecían los parámetros de una brújula magnética y un indicador de altitud giroscópico. Una “mano invisible” permitía que la aeronave volara recto y nivelado siguiendo una dirección que le marcaba la venerada brújula magnética.
En la Segunda Guerra Mundial los bombarderos de largo alcance lo utilizaron profusamente y fueron un eslabón importante de evolución. La beneficiosa utilidad fue confirmada en 1954 cuando el avión Gulfstream C-20 de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos realizó el primer vuelo totalmente automático en el cruce del Océano Atlántico.
El piloto automático moderno ha cruzado todas las líneas de nuestra imaginación para transformarse en un brazo ejecutor insuperable del ascenso, crucero, descenso, aproximación y aterrizaje en el transporte aéreo civil y militar, y también un uso extendido en los aviones de combate. La era digital lo ha convertido en un gestor de vuelo mediante el uso de un sistema informático. Este tercer piloto es un ingeniero que en forma autónoma calcula la posición actual de la aeronave y provee los datos para que su alter ego el “Piloto Automático” haga las correcciones de rumbo, altitud, velocidad y potencia superficies móviles del avión.
“Piloto automático conectado” es una acción natural y repetida en la cabina de vuelo El tripulante ha controlado los parámetros de altitud, velocidad y potencia en el cual debe actuar. El vuelo no por ello se vuelve rutinario. Los procedimientos de operación continúan con una cadencia determinada cuya intensidad se acrecienta en las etapas más críticas del vuelo. Una emergencia siempre inoportuna puede alentar la desactivación del piloto automático y en las etapas finales del vuelo los requerimientos del control de tierra pueden acelerar los ajustes de los parámetros con constantes acciones sobre manecillas e interruptores. No sorprende el ruido mecánico de los “Compensadores” que giran aceleradamente sin intervención humana. Tampoco las Palancas de Potencia empeñadas a mantener o cambiar un ajuste de velocidad.
“Piloto automático desactivado” parece ser el Rubicón recreando el aserto histórico pronunciado por los legionarios romanos «…o Julio César o nadie…”. Es el momento en el cual el operador piloto recupera con sus manos el pleno dominio del avión. Pequeñas correcciones sobre el timón declaran su autoridad para que la senda de planeo permanezca inalterada y las luces de aproximación de la pista de aterrizaje confirmen lo que sus ojos constatan en el “Indicador de Actitud”.