—¡He creado un monstruo! —exclamó el doctor Frankenstein, ufano. Había jugado a ser Dios y había ganado.
La alegría le duró hasta la mañana siguiente, cuando leyó la crítica:
“Se le ven las costuras.”
—¡He creado un monstruo! —exclamó el doctor Frankenstein, ufano. Había jugado a ser Dios y había ganado.
La alegría le duró hasta la mañana siguiente, cuando leyó la crítica:
“Se le ven las costuras.”
De las verdades más sencillas y fundamentales -dijo Anselm ya muy avanzada la noche-, a veces la vida nos prodiga las más […]
Sólo el amanecer se movía en la quietud de ese pequeño patio de la prisión: el amanecer anunciaba la muerte, mientras el […]
Por la tarde, de regreso a casa, encontramos una enorme serpiente de mar clavada por el cuello en el marco de la […]
“Herodes, viéndose burlado por los Magos se irritósobremanera y mandó matar a todos los niños de Belén.”(Mateo, 2, 16). Camino de regreso […]