Prohibido ser curioso

El conocimiento es pecado. Adán y Eva comieron los frutos de ese árbol;
y así les fue.
Algún tiempo después, Nicolás Copérnico, Giordano Bruno y Galileo
Galilei sufrieron castigo por haber comprobado que la tierra gira alrededor
del sol.
Copérnico no se atrevió a a publicar la escandalosa revelación , hasta que
sintió que la muerte estaba cerca. La Iglesia Católica incluyó su obra en
el Index de los libros prohibidos.
Bruno, poeta errante, divulgó por los caminos la herejía de Copérnico:
el mundo no era el centro del universo , sino apenas uno de los astros
del sistema solar. La Santa Inquisición lo encerró ocho años en un 
calabozo. Varias veces le ofreció el arrepentimiento, y varias veces
Bruno se negó. Por fin este cabeza dura fue quemado, ante un gentío,
en el mercado romano de  Campo dei Fiori. Mientras ardía, le acercaron
un crucifijo a los labios. El volvió la cara.
Unos años después , explorando los cielos con los treinta y  dos lentes de
aumento de su telescopio, Galileo confirmó que el condenado tenía razón.
Fue preso por blasfemia.
En los interrogatorios, se derrumbó.
En alta voz juró que maldecía a quien creyera que el mundo se movía
alrededor del sol.
Y por lo bajito murmuró, según dicen, la frase que le dio fama eterna.
 
Eduardo Galeano. Espejos. Un historia casi universal.
 
 
Nota : El escritor y viajero Giuseppe Baretti afirmó que después de
la abjuración pronunció la frase:
«Eppur si muove” 
( Y sin embargo se mueve)
 
 
 

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