EL INDICADOR DE RUMBO -La cabina de vuelo

El Norte es un símbolo universal, el mérito de indicar la dirección correcta, el objetivo a lograr en el complejo itinerario de la vida personal. Cuando representan la esfera de la tierra y, consecuentemente a la carta geográfica al Norte lo ubican en la parte superior de su plano. Si el alumno quiere identificar los cuatro puntos cardinales sus ojos lo tiene a su frente, imprescindible posición para deducir que el sur se ubica a su espalda, el este a su derecha y, donde se pone el sol, el oeste. La Rosa de los Vientos es el alter ego del navegante y su diagrama circular de 360° una majestuosa representación numérica del espacio geográfico.
La brújula magnética, algo imprecisa en su entorno líquido luce, en cambio, elegante y agraciada. De inabarcable utilidad, su presencia en la navegación aérea marca el camino para el desarrollo de un sistema de orientación preciso, confiable, seguro. Estas reflexiones nos lleva a presentar a un protagonista conocido como “Giróscopo Direccional”. Su origen se remonta a la presencia de un sencillo trompo girando sobre sí mismo manteniendo la verticalidad. En 1852, Foucault montando una masa rotatoria sobre un soporte de “cardano” demostró la rotación de la tierra y cómo indicar el Norte. Así nació el girocompás, la brújula giroscópica, el principio que hizo posible su presencia en la cabina de vuelo. Más tarde, tecnología mediante, surgió el giróscopo de fibra óptica, otra generación, otras fuentes.
Al “indicador de coordinación de viraje” coloquialmente conocido como “Palo y Bola” lo ligan estrechos lazos comunitarios con el girodireccional. Basta emprender un viraje a izquierda o derecha de un vuelo para determinar un ángulo de inclinación y si la díscola bolita que se mueve en un ámbito viscoso permanece centrada, el avión girará sobre su eje con elegante disposición.
Si en tierra el navegante define sobre una carta el Rumbo Geográfico deberá tener en cuenta una corrección señalada en la mencionada carta como “declinación magnética”. Mientras que en pleno vuelo el piloto debe considerar la acción del viento sobre la aeronave para determinar el Rumbo Verdadero; un ejercicio que el computador E-6B determina con precisión.
La ubicación del “Giro Direccional” en el panel de instrumentos de la cabina de vuelo obedece a una ergonométrica disposición para que el operador realice un “control cruzado de instrumentos”, en otras palabras, el piloto debe recorrer con su vista con esmerada disposición y disciplina la lectura de los diferentes instrumentos. Un vuelo recto y nivelado bajo la tutela del “Altímetro” y la velocidad de crucero indicada en el “Velocímetro”, la representación de un avión sobre una línea en el “Horizonte Artificial”, la aeronave alineada al Rumbo Verdadero que preceptúa el “Giro Direccional” asegurarán al piloto con probado éxito alcanzar su destino final.
El Indicador Direccional
Su Giroscópica presencia anima a testimoniar la fidelidad de un rumbo magnético. Marca la figurada hendidura sobre la tierra, una trayectoria que une con certeza el origen y el destino final de un vuelo. Tres dígitos señalados por la “Rosa de los Vientos” son suficientes para materializar el punto de encuentro. No es un número inalterable cuando el embate del viento de través obliga a desviar la nariz de avión de su natural dirección. Loxodrómicas rutas sobre la redondez de la tierra proyectada sobre un plano. Tripulante y avión en armónica empatía se afilian a la línea recta despreciando las sinuosidades que animan un rumbo errático. Fiel a su estilo está allí, estampado en el panel de instrumentos proclamando su imprescindible función.

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