En los años cincuenta el terror era negro, se llamaba Mau Mau y acechaba
en las negruras de la selva de Kenia.
La opinión pública creía que los Mau Mau danzaban degollando ingleses,
los hacían picadillo y en satánicas ceremonias bebían su sangre.
En 1964 el jefe de estos salvajes, Jomo Kenyatta, recién salido de la cárcel,
fue el primer presidente de su país libre.
Después se supo: en los años de la guerra de la independencia, menos
de doscientos británicos habían caído, sumando militares y civiles.
Los nativos ahorcados, fusilados o muertos en los campos de concentración
sumaban quinientas veces más.
Eduardo Galeano. Espejos. Una historia universal