Los camellos – Por Elbio Firpo

Los Reyes Magos nunca fueron generosos conmigo. Anoche, después que mi mujer se durmiera subí a la azotea. Lo hice por la escalera para evitar el ruido del ascensor, con el duplicado de llave que oportunamente reproduje, abrí con mucho cuidado la ruidosa puerta de chapa, y me senté en la única chimenea del edificio. Llevaba mi escopeta de dos caños y munición suficiente.

Medianoche. Estimé que tenía por delante un par de horas.De acuerdo a mi información, los camellos y sus jinetes, deberían aparecer alrededor de las tres de la madrugada. La noche espléndida con cielo estrellado me sumieron en un breve sueño. Pero exactamente a las tres me desperté totalmente.

Justo a tiempo. En la inmensidad del cielo los vi aparecer. Enormes, venían lentamente plenos de luces multicolores y en un silencio absoluto. Reconozco mi asombro ante la aparición, pero eso no

impidió que tomara mi vieja doble caño y los pusiera en la mira. Dudé. ¿A quién dispararía primero?

Jamás al camello de Baltasar. Me podrán acusar de muchas cosas. Jamás de racista.

Eran blancos difíciles, imposible calcular su velocidad y altura, aún a paso de camello.

La doble detonación, sin resultados visibles, debió despertar a medio edificio, por lo que procedí a recargar mi arma antes que alguien apareciese en escena.

Pero fue tarde. Rechinó la puerta de acceso y mi mujer y el portero nocturno corrieron hacia mi.

– Pero don Alberto…que peligro…tan cerca del pretil.. ¡mire si se cae! – y me pasó respetuosamente

sus brazos inmovilizándome.

Mi mujer no fue tan amable.

– ¡Alberto…otra vez! …¿…y que haces con esas escobas?…¡Con razón no encontraba ninguna !

Y le pegó el tirón a mi escopeta.

– ¡¡ Ojo que está cargada!!!- intenté decirle, pero se alejó sin escucharme.

Es probable que el lunes, después de tres largos meses de internación psiquiatra, me den el alta.

Desde trastorno de la personalidad, psicopatía criminal, esquizofrenia, decenas de entrevistas, una cámara filmándome dia y noche, llegaron a un acuerdo. La Cámara Gesell, a la que también fui sometido, tuvo, en su increíble escenografía, la respuesta. Durante varias noches dejaron en mi encierro, pequeños animalitos de trapo. Los más pequeños, casi diminutos, eran tres camellos que fueron aumentando de tamaño hasta quedar solo ellos. El que me durmiese acunando a los tres dromedarios los convenció de mi inocencia. Si todo ocurre como espero, el lunes estaré fuera.

Lo primero que haré es aceitar la puerta de la azotea.

Después compraré la escopeta.

 

 

Elbio Firpo. Diciembre de 2025.

 

 

 

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